La sociedad juega un papel fundamental
en la percepción que tenemos del tema del aborto. Influencia
las ideas, nuestros valores, la información que nos llega
y los juicios que hacemos sobre el tema o sobre las personas que
lo viven pero también influencia de manera importante nuestros
sentimientos y las emociones que nos despierta.
En general la sociedad procura y posibilita el bienestar de las
personas pero, en algunos casos, cuando la ignorancia, la desinformación
prevalecen ocurre que una sociedad puede hacer sufrir injustamente
a sus integrantes, puede incluso provocarles la muerte o…
hacerles perder la vida.
Sociedades como las nuestras, se ven constantemente acosadas por
los prejuicios, la doble moral y las creencias de grupos pequeños
—religiosos ultraconservadores y radicales—, que requieren
de difundir ideas absurdas sobre asuntos como el aborto o incluso
procuran que de este tema mejor ni se hable. De esta manera tratan
de sostener un control social para su beneficio, sobre todas las
personas. Afortunadamente estas ideas tienen cada vez menos impacto
y la información objetiva y científica está
llegando lenta pero seguramente.
Si podemos ser capaces de consolidar nuestra educación e
información bajo altos conceptos como la libertad, la autonomía,
la vida digna, la autoestima, el respeto, la justicia, entre otros,
podremos crecer como sociedad, como país y como personas.
Pero para ello necesitamos reflexionar críticamente y actuar
en consecuencia sobre la realidad de nuestras condiciones actuales.
Una sociedad que permite que sus mujeres mueran por causas evitables
fácilmente necesita reflexionar seriamente sobre su papel
procurador de bienestar y desarrollo.
A cada quien nos corresponde y necesitamos ser ciudadanas y ciudadanos
de pleno derecho en tanto nos constituyamos como mejores personas
de nuestra comunidad para el bien individual y colectivo.
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